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La semana pasada argumentamos respecto de la suba del precio de la carne y la tentación de tomar medidas populistas que pudieran afectar a la producción. Con las disculpas al lector, vamos a insistir con otras reflexiones en este mismo tema.
Como en aquella tierna canción de Maria Elena Walsh, asistimos de pronto al reino del revés, dónde nada el pájaro y vuela el pez…. Por un lado la izquierda más conspicua coincide con el interés de los terratenientes ganaderos, enfrentando los intereses de la industria y del sindicato de obreros de la misma. El propio presidente Mujica salió al cruce de la FOICA en los reclamos de estos últimos por detener la exportación en pié, argumentando que la misma iba contra los intereses laborales de la clase trabajadora.
Desde su audición radial, el Sr. Presidente argumentó respecto del riesgo de la concentración de la demanda en la industria, defendiendo indirectamente el libre mercado como garantía para la formación de precios. En otras declaraciones relativizó el éxito que han tenido los frigoríficos en manos de los productores como entes testigo, los que terminaron en fracaso estrepitoso (Central Cooperativa de Carnes) o acusando dificultades de gestión para terminar siendo vendido (PUL). Para terminar, el Presidente no se avino tan siquiera a considerar la reapertura de un frigorífico en manos del Estado. Viniendo de Mujica, ex guerrillero cuyo movimiento armado asaltó en dos oportunidades la sede de la Asociación Rural del Uruguay al grito de “tierra para el que la trabaja” y “por la tierra y con Sendic”, resultó una postura difícil de imaginar años atrás.
Antes de ceder a la tentación de utilizar estos argumentos para demostrar la inconsistencia de la izquierda con sus planteos históricos, debemos alegrarnos que el sentido común, a veces, en algunos casos, se imponga a los mandatos ideológicos tan esquemáticos y alienantes. Es así que en los temas que más duelen a la ganadería uruguaya, la estigmatizada como vieja y conservadora Asociación Rural del Uruguay comparte criterios con los líderes de la izquierda revolucionaria de antaño, los defensores de la lucha de clases….
La otra cara del absurdo. Desde filas nacionalistas surgieron voces cuestionando la exportación en pié, y más recientemente proponiendo una ley que prohíba la faena de vaquillonas y ovejas preñadas, como forma de evitar la reducción del stock, asegurando las existencias ganaderas para evitar riesgos de desocupación en la industria frigorífica.
El surrealismo de la política no alcanza para el asombro, y una vez mas la realidad supera a la ficción. Desde el Partido Nacional, adalid del liberalismo económico a ultranza y enemigo de la intervención del Estado en la economía, surgen voces intervencionistas sugiriendo medidas que, de implementarse, determinarán traslado de recursos desde el agro hacia la industria y la ciudad. Porque cualquiera de las medidas propuestas, sea prohibir la exportación en pié, como establecer pautas que limiten las decisiones del productor sobre el mejor destino a dar a su hacienda, determinan menores ingresos para ese productor y el sector todo, los que automáticamente se trasladarán a los otros integrantes de la cadena, y eventualmente el consumidor urbano.
A ver si nos entendemos. Desde el Partido Nacional, históricamente identificado con los intereses del ruralismo y del estanciero, desde los mismos alzamientos que promovió tanto en el siglo XIX como inicios del XX, hoy se promueven medidas contra la ganadería. La izquierda de raíz urbana, los revolucionarios que se parapetaron tras los argumentos de la lucha de clases para levantarse contra el Estado uruguayo, los que estigmatizaron como lo peor de la sociedad al terrateniente, defienden hoy los intereses de estos últimos, y el derecho que les asiste de administrar su capital sin la intervención del Estado.
Por ahí estamos ante un hecho circunstancial, pero no deja de llamar la atención esta insólita translocación de roles políticos.
La realidad supera a María Elena Walsh: Me dijeron que en el Reino del Revés / hay un perro pequinés / que se cae para arriba y una vez / no pudo bajar después.
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