¿De Primera? GABINETE A PURA CUOTA Imprimir la noticia

Durante muchos años, un sonsonete de la prédica frentista fue el criterio “politiquero” de los partidos tradicionales en la integración de sus gabinetes...

 

Durante muchos años, un sonsonete de la prédica frentista fue el criterio “politiquero” de los partidos tradicionales en la integración de sus gabinetes. Aludían a que, entre personalidades independientes —que siempre las hubo— y figuras de gran relieve, que también siempre lucieron, aparecían normalmente dos o tres figuras representativas de la vida partidaria. Bastaba esa presencia para que ya se lanzaran los anatemas más incendiarios, que se prolongaban luego en la dirección de los Entes Autónomos, por la falta de técnicos y la presencia de políticos que no alcanzaron un cargo electivo. Lo que antes se criticó, aunque no ocurría, ahora pasa a ser la inflexible norma.

En el caso del gabinete que rápidamente ha configurado el Presidente electo, la cuota partidaria ha funcionado matemáticamente. Poco se ha pensado en la armonía del equipo, menos aún en la categoría intelectual y peso específico de los candidatos y, simplemente, se organizó un reparto puro y duro: 4 Ministros para el MLN, 3 para el Frente Líber Seregni, 2 para el Socialismo y 1 para el Comunismo.

Cada grupo recibió su número de cuota y respondió enseguida con candidatos que no sugirió el Presidente sino que cada grupo propuso. Sólo ha quedado quejoso el Senador Michelini, que soñaba con que el Ministro de Economía no se le imputara a su grupo y, en cambio, le correspondiera a él mismo algo suculento, como el Ministerio de Obras Públicas. De modo patético recorre hoy los despachos de los líderes frentistas expresando su malestar y frustración. El Presidente electo le recibió quince minutos y le pidió varios nombres, para obligarlo a la penuria moral de tener que decir que el candidato es él y nada más que él. Hacía mucho tiempo que no se veía un caso de indignidad política de parecida magnitud.

Si se mira el conjunto, no se advierten puntos altos. Todo funciona dentro de los cuadros políticos habituales del Frente, sin ningún actor de relevancia. Llamaba la atención, por ejemplo, que Educación y Cultura se adjudicara a alguien que se ha especializado en la producción agropecuaria, como el Ministro Agazzi, pero él mismo lo advirtió y tuvo el buen tino de no aceptar, actitud que hace aun mas triste el caso de Michelini, que quiere Obras Públicas aunque —por lo que se sabe— no terminó ni el liceo. También sorprende que al Ministro Bonomi se le adjudique Interior, cuando es notorio que su participación en enfrentamientos con la Policía, en sus tiempos de tupamaro, no le ubique en una posición cómoda frente a sus subordinados. El único Ministro fuera de la cuota ha sido el de Ganadería, Agricultura y Pesca, Sr. Tabaré Aguerre, productor arrocero sin antecedentes de actuación pública.

En la otra punta, el que luce como Ministro de exclusivísimo criterio político es el Canciller, un funcionario de baja jerarquía, que fue catapultado a la embajada en China y carece de particular destaque en el mundo diplomático y político. Se destaca su condición de “funcionario de carrera”, pero no se señala que sólo ocupó un cargo de jerarquía por estrictas razones políticas.

Más allá de todos estos comentarios, no cabe hoy prejuzgar. El tiempo dirá lo que rinde cada uno y a todos le deseamos suerte. Lo que está claro es que este gabinete no genera ninguna expectativa esperanzada. Es más de lo mismo, simplemente ahora con un peso específico mucho mayor del MLN, como era de esperar.

Como saldo queda que el Frente ha hecho un fuerte ejercicio de disciplina y que el nuevo Presidente contará, aun más que el Dr. Vázquez, con una obediencia debida sin fisuras. El único ámbito en que seguramente deberá arbitrar diferencias será, como es habitual, el de la Economía, pues el Ministro a cargo, que venía actuando ya junto a Astori estos cinco años, deberá defender el equilibrio fiscal ante los embates de gasto de todos los demás. Luego de un período de gobierno con grandes recaudaciones, fruto de la bonanza internacional, el equipo está bastante mal acostumbrado, pues la holgura ha sido la norma.

Los tiempos que arriban, si bien no son de crisis, tampoco darán para esplendorosos márgenes. En ese sector es donde más tendrá que empeñarse un Presidente como Mujica, poco afín a la administración, que dedicará seguramente lo mayor de su tiempo a comunicarse directamente con la gente, en su ya clásico estilo coloquial, tan reñido con la tradición del país pero que tanto éxito político le ha deparado.