ASONADA, MIGUELITOS, BOMBAS MOLOTOV Y TONTOS ÚTILES Imprimir la noticia

El 24 de agosto de 1994 —casi diez años después de restaurada la democracia— lo que debiera haber sido...

 

El 24 de agosto de 1994 —casi diez años después de restaurada la democracia— lo que debiera haber sido otro día de preparativos para disfrutar la “noche de la nostalgia”, se tornó en una jornada de violencia y muerte, gentileza del MLN, que tomó la decisión de operar como brazo armado de la ETA, en una suerte de “out-sourcing” del terrorismo.

Ese día, por disposición soberana del Poder Judicial, debía procederse a extraditar a tres ciudadanos españoles residentes en Uruguay, acusados de pertenecer a la banda terrorista ETA e imputados de graves crímenes por la Justicia española. Todo el proceso, naturalmente, se había ajustado a Derecho.

Pero el MLN decidió montar un operativo de resistencia a la actuación del Poder Judicial, llamando a “impedir” la extradición de los presuntos etarras (luego se probaría la vinculación clara de dos de los tres a diversos asesinatos y otros actos violentos) que se encontraban internados en el Hospital Filtro, fruto de una presunta huelga de hambre (sorprendentemente, subieron al avión por sus propios medios).

A la convocatoria violenta del MLN —que llamaba a la resistencia activa desde los micrófonos de la entonces Radio Panamericana— se sumaron como incautos políticamente correctos varios dirigentes del Frente Amplio, entre los cuales cabe destacar al actual Ministro Astori, al extinto general Seregni y, nada menos, el actual Presidente de la República, Tabaré Vázquez, lo que le valió la Presidencia en las elecciones de aquel año. Ciertamente, haciendo el desdoroso papel de tontos útiles, no tenían la menor idea de que eran meros peones de un ajedrez jugado por otros: el MLN y la ETA.

La resistencia devino —como lo reclamaba el MLN— activamente violenta, el Ministro del Interior de la época, Angel María Gianola, ordenó reprimir a efectos de garantizar el procedimiento judicial y, una vez dada la orden, se desató el infierno. La lógica demoníaca de enfrentamiento y represión desbocada terminó con un joven muerto, Fernando Morroni, 35 civiles y 44 policías heridos, y 19 vehículos policiales destrozados.

Confiesa Zabalza al periodista Leicht, que ese operativo de resistencia era una “devolución de favores” que el MLN le hacía a la ETA por el apoyo financiero que la banda terrorista le había brindado. Tanto es así que, durante esa luctuosa tarde, la dirección en pleno del MLN (Mujica, Zabalza, Fernández Huidobro, Marenales, etc.) se encontraba en el interior de una camioneta “Combi” junto a un ómnibus “repleto de cócteles molotov y 5 mil miguelitos, además de una banda de jóvenes radicales deseosos de entrar en acción” (Leicht sic).

Pero no se trataba, solamente, de devolverle favores económicos a la ETA. Como se indica en el libro, “era la oportunidad de poner a prueba la fuerza militante que desde años atrás venían acumulando, de bautizarla con fuego en una instancia confrontativa”.

¿Cómo se sentirán hoy, a la distancia, el Presidente Vázquez y el Ministro Astori, al desayunarse del triste papel que jugaron en aquella tarde luctuosa, decorando un escenario montado por la ETA para impedir el funcionamiento de las instituciones democráticas uruguayas, y por el MLN para darle su “bautismo de fuego” (y de muerte) a unos muchachos radicalizados?
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