CON LAS CARTAS EN LA MANGA Imprimir la noticia

EL MLN POST-DICTADURA

 

La biografía del tupamaro histórico Jorge “El Tambero” Zabalza —hoy enfrentado a sus antiguos camaradas— por el periodista Fernando Leicht (“Cero a la izquierda. Una biografía de Jorge Zabalza”, Letraeñe Ediciones), ha clavado un puñal en la leyenda rosada del MLN posmoderno que encabezan José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro.

En el libro no aparecen los simpáticos Vizcachas, ni un grupo de más o menos desorientados idealistas, dispuestos a jugársela por la democracia ante una intentona golpista fascista, ni los antiguos guerrilleros dispuestos a integrarse al juego democrático. A confesión de parte, lo que aparece es algo muy diferente. Bien lejos de la edulcorada imagen, cuidadosamente cultivada por los dirigentes ya mencionados, lo que aparece es un juego de dobles y triples discursos, de “relaciones peligrosas” que van desde la extrema izquierda a la extrema derecha, de vanidades, de imputaciones de caudillismo, de traiciones y de actividad clandestina que incluye asaltos y asonadas.

Es muy difícil resumir en pocas líneas lo que confiesa Zabalza al periodista Leicht. Pero a modo de síntesis subrayemos que el MLN que surgió de las mazmorras dictatoriales no estuvo dispuesto a integrarse al juego democrático “sin cartas en la manga”, como señalara Raúl Sendic en conferencia de prensa, sino un movimiento que decidió apostar al doble juego: un accionar público, legal, y otro clandestino, dirigido a volver a montar un aparato armado y desarrollar una estrategia “revolucionaria”.

Así, en la confesión de Zabalza, aparecen los contactos del MLN, luego de 1985, con movimientos clandestinos armados como el argentino Movimiento Todos Por la Patria (MTP), liderado por el ex ERP Enrique Gorriarán Merlo, el peruano Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), y con la banda terrorista vasca ETA. También emergen los contactos con el régimen libio de Gadafi. O, en el plano local, los entendimientos con policías y militares en actividad, en particular aquellos vinculados a la fascista “Legión Tenientes de Artigas”, a quienes los unía su común desprecio por los partidos políticos, la vida cívica democrática, el anticomunismo y un nacionalismo ramplón.

Pero además aparecen hechos delictivos, como el asalto a una distribuidora de diario y revistas, en 1991, o la asonada del 24 de agosto de 1994, en ocasión de la extradición, dispuesta por un juez, de un grupo de etarras hacia España.

Otro libro que abordó el doble juego tupamaro fue el del politólogo Adolfo Garcé, titulado “Donde hubo fuego – El proceso de adaptación del MLN-Tupamaros a la legalidad y a la competencia electoral (1985-2004)” (Editorial Fin de Siglo). Sin embargo, este libro tiene el impacto de la confesión. No se trata, ya, de un analista que procura sacar a luz aquello que se procura permanezca en las tinieblas, sino la confesión lisa y llana de quien decidió romper la omertá tupamara (“Cualquier organización puede tener una serie de planteos que no necesariamente tiene que hacérselos a los demás”, se defendió ante Brecha el viejo tupamaro y diputado por Paysandú, Juan José Domínguez, ratificando implícitamente la veracidad de lo narrado por Zabalza).

En definitiva, lejos de la convocatoria de Sendic a integrarse al juego democrático “sin cartas en la manga”, los tupamaros adoptan una estrategia revolucionaria que incluye la táctica de “muchas cartas en la manga”, dando cuenta de que el aforismo mujiquesco que reza “así como te digo una cosa, te digo la otra”, no fue una salida pícara del actual titular del MGAP, sino la verbalización de toda una filosofía política institucional del MLN.
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